... y sufre y pasa vicisitudes y piensa y rie y llora ... al final a pesar de tantos malavarismos, de sube y bajas emocionales , nos damos cuenta de que enamorarnos es lo mejor de toda relación, incluso lo mejor que le puede pasar a una persona, sin importar la cantidad de veces que le suceda. Cada vez es único, irrepetible e irremplazable y trataré de demostrarlo.
Ya hace un tiempo he notado que tal principe azul del que todas pensamos que nos caerìa un dìa y serìamos felices por siempre no existe (dolorosa verdad), al menos para toda la vida, pero puedo encontrar alguno (o más de uno) muy similar a la vuelta de la esquina, que se destiñe un poco con el paso del tiempo, incluso que se le escapa el caballo, que de valiente seguro no tiene un pelo y ni que hablar de casamiento y felices para siempre. No lo dudo, con las doncellas debe pasar lo mismo.
Entonces, ¿pero por qué no permitirnos soñar?, porqué no dejar escapar un momento la imaginación y creer que ese/a que tenemos en frente puede ser el añorado. ¿Quién te dice que eres una de las personas en el mil millón, a quien se le cumpla el más recurrente de los sueños de la infancia?. Incluso, por más que la relación no llegue nunca a nada, ¿cómo sabemos si funcionará o no?, si por prejuicios al enamoramiento nunca lo intentamos. “No hay peor fracaso que el que nunca fue” ( màs o menos asì es el refràn).
Y pese a mis idas y venidas, a mis llantos (soy mujer recuerden) y mis ironías, cada vez que me enfrento a la situación de enamorarme, el corazón me reacciona como si fuera todo un suceso novedoso, como si nunca se hubiera enterado de que por el mismo camino ya transitaron dos Juan, un Pedro, algún que otro Moreno, y vaya Dios a saber cuantos más (jejejeje no muchos, que cosnte!).
Si mi corazón se permite disfrutar a todo galope esos momentos, ¿por qué los voy a cuestionar yo?. Si son máscaras, si no es cierto, si después la realidad es otra, si en realidad me amo yo misma y oculto mis defectos porque son feos; ¿alguna vez te preguntaste por qué los niños disfrutan de los payasos, porqué las mujeres ven telenovelas, porqué la música te puede cambiar el ánimo, porqué te gusta la historia de que al final de un arcoiris hay una vasija con oro y que un duende la cuida, porqué te sientes protegida por una ángel de la guarda, porqué alabamos a dioses desde que el hombre existe?…¿porqué?.
Humildemente creo que podemos disfrutar a pleno de lo irreal, incluso nos cobijamos en ello, nos sentimos a gusto, nos sentimos completas; aunque más no sea de a ratos, aunque no dure. Aunque el principe azul sea de cartulina, no quiero perder la esperanza de que detrás de ese gastado filo puedo encontrar al hombre que ando buscando y que todas buscamos.
Con todo esto no quiero decir que no anhelo encontrar alguien con quien compartir mi vida, con quien crecer y madurar, a quien ver envejecer y todo lo que rodea a estos momentos, pero no me desconsuela pensar que antes de encontrar esa persona, me enamoraré mil veces más sin acertar; es más, después de tantas derrotas, lo que temo es no querer subirme más a ese tren descontrolado pero emocionante de conocer a otras personas. (¿quién no se ha prometido a si misma más de una vez: “no me enamoro más”?, no caigo en ese gancho de nuevo) ...bulto tò !.
Pero si lo lograste, y una de esas veces que te enamoraste no erraste, y conseguiste a quien “amar”; después de mucho tiempo en pareja vas a recordar con entrañable ternura los comienzos, y contarás mil veces como te conociste, y aquello que te encantó desde el comienzo (aquello que seguro hoy no lo tiene, llámese: gestos caballerosos, cabellera abundante, cintura de avispa, etc.), ¡porque te diste la oportunidad de conocerlo/a, de enamorarte!; aunque más no sea por sus cursilerías de utilería, porque si nunca te hubiera abierto la puerta del auto para bajar, nunca le habrías dado un beso, nunca le hubieras atendido otro llamado, etc, etc, etc. (así sea que fue la primera y última vez que lo hizo).
Pero, como sucede las más de las veces, si la cosa no va; ¿quién nos quita lo baila’o?. Qué mejor que vivir a pleno algo que: si funciona ¡genial!, y si no, lo que vivimos que nos llene, no solo de experiencias que usaremos como escudo en un futuro, sino como seres humanos que aprendemos de otros seres humanos. (así hice buenos amigos ¿¡no?!)
Ya sé, ya sé, nadie habló de que es malo enamorarse, sino querer que toda una relación se quede en ese estadio. Pero eso tampoco me parece malo, creo que deberíamos practicar la tolerancia que nos tenemos en los comienzos a lo largo de toda una relación (aunque cueste), creo que deberíamos seguir viendo con mente abierta las virtudes de ese ser a nuestro lado y no focalizarnos en sus defectos (mala costumbre que adquirimos junto con la impaciencia), deberíamos seguir alabándonos, mimándonos, haciéndonos el amor desmesuradamente como la primera vez que se nos cayó el pantalón.
El error es creer que esto no se puede, el error es creer que una relación ha madurado cuando nos mostramos tan monstruos (como realmente somos) y que el otro nos “soporta” porque nos “ama” (o viceversa?) y no que nos “elige” porque nos “acepta”. El error es creer que después de un tiempo lo “especial” es “cursi” y que demostrar “sensibilidad” es demostrar “debilidad”; porque cuando se acaban las flores empezamos a tirarnos con ceniceros.
Pero como intento no ser solo una agitadora intelectual, una política de los sentimientos, “yo les traigo una propuesta firme”, yo no solo me embandero con el nuevo amor, sino que les propongo un difícil ejercicio: la próxima vez que nos enamoremos (enamorarse: tal cual lo han definido plenamente), catapultemos esas sensaciones para adelante, no agotemos en primera instancia la fantasía, la seducción, el romanticismo, “el detalle”, la palabra dulce, los corazoncitos en el paquete de cigarrillos, la flor que robé de la casa de al lado, el chocolate…y puedo enumerar casi infinitamente; creámonos el papel que representamos, hagamos de cada encuentro un nuevo “levante”, de cada beso el beso robado, de cada caricia un descubrimiento…
Y no es que esté divagando, pero el fin del enamoramiento es el comienzo de la monotonía. He ahí para mi la respuesta a todos sus cuestionamientos. El enamoramiento no es el problema, ¿o cada vez que tuviste un gesto lindo con tu compañero/a fue una estupida mentira? ¿nunca hiciste algo que le llegò al otro pero también a tì? ¿nunca te nació hacer algo para disfrutar del disfrute del otro?. Seguro que sí, sino que con el tiempo es más fácil y más cómodo, (después lograr lo que querés) no molestarme en agasajar al otro y …paso posterior…el aburrimiento…las peleas…el fin.
Si supieran a cuantas mujeres he escuchado diciendo( me incluyo): “cuando nos conocimos era muy romántico, íbamos a bailar siempre, al cine, salíamos y hacíamos el amor seguido, me decía cosas lindas, etc. etc. etc. y parece que cuando logró tenerme segura se olvidó de todo”. Es así, sin ser una ofensiva feminista, ya que supongo que a ustedes les debe pasar lo mismo.
Así es obvio que nadie quiere comprometerse, que nadie quiere superar el estadio del enamoramiento, y el desenlace es previsible. Así yo también quiero vivir en un eterno enamoramiento.
Se podrà ? ...


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